Es la hora del alba, y el sonido de los cuernos me llama a la batalla. Me levanto para ponerme las ropas de guerra de un haradrim. Mientras me ciño el turbante, percibo la ironía de mi situación: yo, Pallando, alguna vez uno de los Istari Azules, me dirijo como un hombre cualquiera a pelear contra Minas Tirith. Sin embargo, cuando me uno a las filas e inicia la marcha, me doy cuenta de que no es complicado de entender…
Desconocía por completo el tiempo pasado; los atardeceres y amaneceres dejaron de ser una sorpresa, tal vez por la misión otorgada o por el hecho de que sus corazones, podrían ya no ser los mismos. Aún cuando los días no importaban, como Maiar que eran este concepto del hombre no eran capaces de concebirlo en su ser, siempre fui testigo de su caminar…
La delicada brisa borraba cualquier atisbo de maldad, el cálido sol empapaba los corazones y limpiaba la suciedad que tal vez existiese en el alma, aunque ellos no lo supieran.
-Te juro Alatar, que es gracias a la eterna amistad que nos une, por lo que mi corazón no alberga sospechas. – Comentaba un anciano de aspecto benevolente, tendido sobre la hierba, al lado de su amigo de siempre...
La noche cubría como un velo la superficie rocosa y desértica del páramo de Nurn. Dos figuras ataviadas en togas azules se movían silenciosa y rápidamente uno tras otro. Estaban próximos a llegar a la Fractura de Uruth Armongath. De pronto la oscuridad se tornó tan velada e insondable que los hombres no distinguían sus pensamientos de la realidad. No muy lejos un resplandor color cereza partía la tierra por la mitad evidenciando un cañón sumamente abismal…
Las praderas de hildórien eran dilatadas, anchas como las inmensas sabanas de otras tierras pero una a cubierta de hierbas y árboles inconstantes, muy al este del Anduin estaban y para los pueblos del oeste eran lugares extraños, desconocidos, con pueblos nómadas de bizarras costumbres y protagonistas de historias excéntricas que los forasteros traían…
Alatar se extravió en el camino hacia el este, más allá del mar de Rhún.
Voy sin rumbo, No sé dónde moriré, dijo en tono sereno y áspero como un río seco.
Le dolía no saber nada-nunca supo más de Pallando-, su inseparable amigo y también príncipe azul de la tierra media…
Los días transcurrían y el portador del anillo había cruzado ya los umbrales de Bree, acompañado por Trancos y sus fieles amigos, los medianos, Sam Gamgee, Meriadoc Brandigamo y Peregrin Tuk, mientras abrían su camino entre los curiosos aldeanos de Bree y Archet, la historia comienza con una misión encomendada a Radagast por Saruman…
Se dice que tras el primer milenio de la tercera edad cinco magos llegaron a la Tierra Media, los últimos fueron los azules, estos eran conocidos como Alatar y Pallando. Debían ir más allá de las tierras del este, su igual Saruman los acompaño. Ya habiendo cruzado las fronteras mas allá de las tierras de Rhûn, se toparon con una caravana de orcos que parecía protegía algo. Con ayuda de sus poderes despojaron a los enemigos de su cargamento, para darse cuenta que éste era más preciado de lo que podían imaginar; el Palantir perdido en la caída de Osgiliath a finales del siglo quince de la tercera edad; viajaba oculto en una simple carreta…
De nosotros nadie ha hablado, ya que aunque uno eliminaría la oscuridad y el otro ayudaría al Este, ninguno ha terminado su misión. ¿Quién creería que en una tierra tan árida como la que pisaron nuestros pies mortales se encontraría oculto el milagro del agua? Todos menos uno ignorarían esta leyenda y pensarían que era solo un cuento para calmar a los niños en las noches frías donde se hielan los huesos y se saborea la oscuridad. Todos menos uno, Alatar. Él creyó en esta leyenda, y no sólo eso, pensó que ésta era realmente su misión y no el liberar a la Tierra Media del Señor Oscuro…
Durante miles de años, las historias, mitos y leyendas, han hablado sobre su valor y su deseo ferviente por llevar a cabo una misión, una misión de salvación para con la tierra media, una carga muy pesada sin duda para un par de magos, pero que pasaría si de un momento a otro todo lo que conoces y crees resultara ser mentira…

