Se cuenta en la Ainulindalë que Aulë creó a los Siete Padres de los Enanos durante la Edad de los Árboles, pues anhelaba ver a los Hijos de Ilúvatar para instruirlos en el dominio de las sustancias que componen el mundo. Los hizo fuertes como la piedra y les enseñó la lengua secreta que siempre hablaban entre ellos y que a nadie enseñaban, el Khuzdûl. Sin embargo, estos seres no tenían voluntad propia pues Aulë no tenía la capacidad de dar vida a sus creaciones. Eru Ilúvatar se enteró de esto y viendo que la intención de Aulë era buena, adoptó a los Enanos como sus propios hijos y les dio vida, con la condición de que durmieran bajo las montañas hasta el despertar de los Primeros Nacidos.
Tal y como se cuenta en El Libro Rojo de la Frontera del Oeste, el señor Bilbo Bolsón era de una respetable familia y tenía un estatus alto en Hobbiton, se le consideraba un hobbit normal y con buen sentido común, pero un día su destino daría un giro increible y viviría una grandiosa aventura, tras la cual se le conocería como “el Hobbit más valiente de todos”, según palabras de Leonard Nimoy en su impopular Balada de Bilbo Bolsón.
Noble entre los nobles fue Fingolfin, quien llegó a ser Rey Supremo de los Noldor tras la muerte de su medio-hermano Fëanor en la Dagor-nuin-Giliath, ‘Batalla Bajo las Estrellas’. Su nombre significa “El Sabio Finwë” y en Quenya se traduce como Nolofinwë, en honor a su padre; su madre le dio el nombre de Arakáno “Noble Comandante”, quizá con una dosis de previsión.
Tal vez el personaje más conocido en toda la obra de Tolkien es ese mago de vestimentas grises y bastón, no se trata de ningún otro más que de Gandalf. Tiene un papel primordial en las aventuras narradas en El Hobbit y El Señor de los Anillos. Pero ¿quién es en realidad? ¿de dónde viene? y ¿para qué? Muchas de estas preguntas tal vez sean desconocidas para la mayoría de los Hobbits y uno que otro lector despistado, quienes sólo ven la figura de un anciano que hace divertidos trucos con fuegos pirotécnicos. ¿Acaso hay algo más detrás de aquella sencilla fachada? Es posible que si buscamos detenidamente nos llevemos una gran sorpresa…
Se cuenta en la Ainulindalë que, en el principio, Eru Ilúvatar creó a los Ainur a partir de su pensamiento, y de todos ellos se dice que el más poderoso era Melkor, hermano de Manwë. Fue Melkor quien inició la disonancia durante la Gran Música de los Ainur, contraponiéndose a la música de Ilúvatar. Sin embargo, en última instancia, incluso estas acciones provenían del propio Eru, pues nada sucede que no esté previsto por Él.

Si existe algún personaje de Arda por quien haya que lamentarse, ése es por Túrin. Quizás sea el hombre con más mala suerte que haya existido, exista o existirá en toda la historia de la Tierra Media. Un personaje sobre el cual se ciernen los más trágicos hados del destino. Dueño de la espada negra Anglachel/Gurthang y del Yelmo Dragón de Dor-lómin. Túrin fue el hijo mayor de Húrin, de la casa de Hador de Dor-lómin, y de Morwen de la casa de Bëor. Por desgracia, su padre se atrevió a desafiar la cólera de Morgoth y se rió en su cara, por lo que maldijo a toda su familia y el que más sufrió la maldición fue Túrin.

De entre todos los personajes femeninos creados por Tolkien dentro de su obra, Morwen Eledhwen, madre de Túrin Turambar, ha alcanzado un lugar especial en la literatura universal, al lado de las protagonistas de grandes tragedias clásicas como Clitmenestra, Electra y Medea. En Morwen encontramos un personaje firme ante un destino terrible que alcanzó uno por uno a cada miembro de su familia. Su historia es de sufrimiento y dolor, pero también de fuerza y temple.
J.R.R. Tolkien era un filólogo ante todo. Uno debe recordar esto como lector en cada viaje a la Tierra Media. Para el Profesor toda palabra tiene un poder mágico inherente a sí misma que permite la existencia de aquello que nombra. Recordemos cómo el mundo comienza realmente a existir hasta que Eru Ilúvatar lo invoca dándole el nombre de Eä, el Mundo que Es. Así también cada personaje de la Tierra Media puede contarnos su historia, la de su familia o incluso la de su pueblo a través de su nombre. En la Tierra Media ningún nombre es puesto a la ligera.
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