Los relatos de J.R.R. Tolkien son un conjunto de amplias historias épicas llenas de valor y esperanza, cuyo eje central es la eterna lucha entre el bien y el mal. Pero, ¿qué es el mal? Para entender la obra de Tolkien vale la pena detenernos un poco para analizar cómo el Profesor define un concepto tan esencial pero al mismo tiempo tan difícil de comprender por los seres humanos a lo largo de la historia. En este análisis descubriremos la visión de un hombre testigo de los horrores de su tiempo, pero a la vez, marcado por una profunda fe que lo aferraría a una constante esperanza más allá del horizonte.

En la navidad de 1920, el pequeño John Tolkien de apenas 3 años de edad recibió una carta muy especial. Se trataba de una carta llena de color y con vistosos dibujos proveniente directamente del Polo Norte. Su autor: Papá Noel. O al menos esto es lo que decía en el sobre. En realidad la carta era un regalo del Profesor Tolkien a su primer hijo. Por aquellas fechas ya había nacido el segundo hijo de Tolkien, Michael, quien tenía dos meses de edad.
El auge y la caída del Reino de Númenor es uno de los relatos más importantes de la historia de Tierra Media, según la concepción que el Profesor Tolkien creó dentro de su obra literaria. A través del legado de los numenoreanos Tolkien describe la capacidad del ser humano de lograr grandes obras pero también de corromperse y caer en desgracia. Pero lo interesante de este relato es que tuvo su origen en una pesadilla que acosó a Tolkien cuando era niño: una ola inmensa que se precipitaba inundándolo todo y aproximándose hasta un precipicio desde donde él contemplaba atemorizado.

“Sólo los locos o imbéciles podrían contemplar sin horror el siglo veinte.” Con estas palabras el Profesor J.R.R. Tolkien comentaría una de las experiencias más duras de su vida: su servicio militar durante la Primera Guerra Mundial. Los días que pasó en las trincheras lo llevarían a preguntarse constantemente sobre la naturaleza del bien y el mal en el ser humano. Una pregunta que rondaría a toda una generación traumatizada por la violencia y los espantos sufridos durante el conflicto bélico que dio inicio a una nueva era en las artes de la guerra.
Tan disímil como la amistad de un elfo con un enano. Está es la mejor manera de describir la relación que durante más de cuatro décadas unió a los dos grandes fundadores de la literatura fantástica moderna, John Ronald Reuel Tolkien y Clive Staples Lewis, creadores de los mágicos mundos de Tierra Media y Narnia respectivamente.

El 14 de noviembre de 1904, en una pequeña casa de Edgbaston, Inglaterra, murió Mabel Suffield tras pasar seis días en coma diabético. A penas tenía 34 años de edad y dejaba huérfanos a dos hijos: Hilary Arthur Reuel Tolkien de 10 años y John Ronald Reuel Tolkien de 12. Para el Profesor Tolkien la memoria de su madre siempre estaría envuelta en dos sentimientos contradictorios: la cálida ternura de su recuerdo y el frío desconsuelo de su muerte prematura.

En el verano de 1925, Michael Tolkien (quien entonces tenía tan sólo cinco años) perdió en la playa de Filey su juguete preferido: un perro en miniatura hecho de plomo y pintado en blanco y negro. Este sería el origen de uno de los cuentos infantiles más hermosos escritos por el Profesor Tolkien, para quien sus hijos eran su más grande tesoro y mayor fuente de inspiración. La historia de cómo fue escrito Roverandom nos permite asomarnos dentro de la cálida pero apartada vida de la familia Tolkien y, sobre todo, en la hermosa relación creativa que J R R Tolkien mantenía con sus cuatro hijos.
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